EXPERIENCIA ESTÉTICA, RECOLECCIÓN DE ENCUENTROS

Experiencia estética, Recolección de encuentros, registro de performance 
Cuarto ejercicio audiovisual
Video Arte, 2018

La culminación de estos ejercicios de creación y experimentación alrededor de las propuestas audiovisuales confluye en una acción que recoge los tres momentos en la que se genera la situación en la cual nos exponemos todos como cuerpos que habitan espacios, que se con- vierten en lugares. El elemento que agrupa estos tres momentos es la musicalización, su intención, así como la de los relatos de Daniela, la de la danza de Jhon y la del recorrido que realicé en el espacio natural, fue generar diferentes posibilidades para comprender las ruinas.

Esta acción se realizó ante un grupo de espectadores académicos quienes fueron partícipes de una transgresión al cuerpo como un espacio de vida, la super cie que se talla. La memoria fue fundamental como

elemento transgresor, la puesta en escena permitió develar aquellas ruinas en las que lo participantes se desprendían a través de los relatos, de los sonidos.

El ejercicio no solo buscó recoger los tres momentos anteriores,
sino que también tuvo como propósito vincular al espectador en esta propuesta de ruina. La participación consistió en habitar ese lugar que nos congregaba y recibir para reconstruir huellas y memorias, darle otro sentido al tiempo, que se congela en la acción, lo que nos remite Las acacias y la época en la que nos situaba; a los relatos de Daniela, Danielita en su juventud y niñez. Así, la privacidad de estos momentos nos recoge como espectadores y partícipes en su lugar de vida, nos muestra cómo las ruinas nos reciben en su permanencia.

En la tensión entre interior y exterior, esta última propuesta también es la ventana que nos sitúa desde el adentro o interior, desde el alma que nos per- mite reconocernos en esos otros y en esas otras cosas del mundo, y muestra cómo la interacción de nuestras formas de habitar y no del ocupar, nos lleva a sensibilizarnos como cuerpos que están en contacto y en relación. Pardo (1991) plantea el cuerpo como una exterioridad que se refleja en las acciones plásticas.

En otras palabras: es el cuerpo, como exterioridad del «alma», y no el espíritu, lo que se ha de prestar a las cosas para que nos respondan. Pero ese «préstamo» no puede tener ya, como aún lo tenía en la intención de Schelling, la forma de una donación voluntaria por la cual nos reconocemos a nosotros mismos en las cosas. Porque las cosas «hablan» al cuerpo en la medida en que no somos sus dueños. No necesitamos hacer ningún esfuerzo para prestar cuerpo a las cosas porque, antes bien, son las cosas las que nos han prestado el cuerpo, las que brillan en nuestro cuerpo y constituyen su piel sensible. Pues el cuerpo es ya en sí mismo nuestra exterioridad, el escenario que se disputan las fuerzas deseosas de un lugar en el que habitar, de una superficie en la que quedar descritas. (p. 17).

Es entonces nuestro cuerpo y son nuestros cuerpos, son los lugares y espacios de todos en los que habitamos, donde dejamos la huella y la inscripción de la experiencia y de la vida.

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